¿Controlar o confiar?

En muchos países del mundo, la escolarización es obligatoria. Al cuestionar esto, me doy cuenta que uno de los impedimentos más grandes para liberar el aprendizaje de los niños, es el miedo a que ellos no aprendan nada si no van a una escuela. El hecho de que ya aprendieron a caminar y hablar sin que ningún adulto les haya obligado a eso a través de tareas y exámenes, es algo en que la mayor parte de los adultos no reflexionan. Se ha vuelto sintomático no confiar en las aptitudes, capacidades y motivación interna de aprender en los niños. Tampoco creemos que tienen la capacidad de saber por sí mismos lo que necesitan aprender y saber para lograr crearse una vida funcional.

Esta falta de confiar, crea una necesidad de control constante en los adultos. No sólo queremos asegurarnos que aprendan los niños, sino también de lo que hayan aprendido. La argumentación se estructura todavía alrededor de la idea de que hay ciertos conocimientos que son necesarios que todos sepamos y que todos tengamos que aprender, preferentemente a la misma edad. Sin estos conocimientos se cree que no es posible crearse una vida exitosa. Eso vuelve impensable el cuestionar la necesidad de materias, planes de estudio, tareas, exámenes y calificaciones, o una escolarización obligatoria.

¿Controlar o confiar?

La mayoría, que argumenta lo arriba mencionado, opina que todo esto es importante para que los niños puedan seguir estudiando en la universidad. Para lograr eso, necesitamos pruebas de que sí somos aptos para estudios universitarios, y eso se logra a través de las calificaciones. Sin embargo, muchos adultos admiten, que las calificaciones sólo sirven para eso, porque una vez adultos nunca volvemos a usarlas.Es imposible no aprender. Aprendemos todo el tiempo, en base a todo lo que hacemos. Simplemente no hemos aprendido a darnos cuenta de eso, a valorarlo y apreciarlo por lo que es.

Deshacernos de la escolarización obligatoria implicaría que los adultos tengamos que soltar la idea de controlar el aprendizaje de los niños, y que empezáramos a confiar en que los niños sí son capaces, no sólo de definir ellos mismos qué aprender, sino que son capaces de hacerlo. No, todos los niños no aprenderían las mismas cosas, pero ¿por qué sería necesario? Todos somos diferentes, con distintos intereses, talentos y pasiones. ¿Dónde está la lógica en obligar a todos a entrar en el mismo molde? ¿Cuánto de lo que aprendiste en la escuela recuerdas hoy? ¿Cuánto de lo aprendido utilizas activamente hoy en día en tu vida?

¿Es realmente válido utilizar de 10 a 12 años de la vida de los niños de ésta manera? Yo opino que es un malgasto enorme de recursos, de tiempo y de energía, que debería poder usarse de una manera mucho más constructiva. Las víctimas de este malgasto son obviamente los niños, atrapados en un sistema que los adultos creemos necesario. De esto se trata la escolarización obligatoria: la necesidad de parte de los adultos de controlar la libertad y la toma de decisiones de los niños.

La verdad es que todos los seres humanos nacemos con curiosidad y con ganas de aprender. Todos los seres humanos somos creativos cuando tenemos la posibilidad de desarrollar nuestros talentos de la manera de que nosotros mismos decidamos. Además sabemos que el aprendizaje es más eficiente cuando está dirigido por una motivación intrínseca, donde la persona misma pueda tomar la iniciativa de lo que quiere aprender, y cómo. Sabemos que la enseñanza no es necesaria para que aprenda un niño. Enseñar y aprender no están relacionados.

Mi opinión es que debería existir mucha más flexibilidad acerca de las posibilidades de aprender de los niños. Pero, para llegar a ese punto, necesitamos cambiar nuestro entendimiento de qué es aprender, poner las necesidades individuales de cada niño en primer lugar, confrontar nuestros miedos y empezar a confiar en que la motivación de aprender es algo innato en cada ser humano. Eso implica que entendamos a profundidad que el aprendizaje es un efecto secundario de cualquier actividad humana. Es imposible no aprender. Aprendemos todo el tiempo, en base a todo lo que hacemos. Simplemente no hemos aprendido a darnos cuenta de eso, a valorarlo y apreciarlo por lo que es.

¿Controlar o confiar?

Puesto que no podemos saber qué tipo de conocimientos se necesitarán en el futuro, pienso que, en vez de una escolarización obligatoria, deberíamos mejor enfocarnos en lograr que nuestros niños amen tanto aprender, que siempre estén dispuestos y listos para aprender lo que necesiten, cuando lo necesiten. El Derecho de Aprender, en vez de una escolarización obligatoria, les brindaría a los niños esa oportunidad.

En muchos países, como en mi natal Suecia, existe sólo un camino “correcto” y posible: ir a la escuela. No hay alternativas para los millones de niños que aprenden mejor en otro entorno, que están incómodos y estresados si tienen que ir a una escuela, que son agredidos, que necesitan más tiempo para aprender y se sienten tontos, o que aprenden muy rápido y que se aburren.Sabemos que la enseñanza no es necesaria para que aprenda un niño. Enseñar y aprender no están relacionados.

Si soltáramos el control, y nos deshiciéramos de la escolarización obligatoria y la sustituyéramos por El Derecho de Aprender, abriríamos la puerta a una infinidad de alternativas donde nuestros niños podrían aprender lo que quieren y lo que necesitan: dónde, cuándo y en la manera que les conviene mejor a cada uno de ellos.

La educación sin escuela, la desescolarización, el aprendizaje auto-dirigido como en las escuelas Sudbury o los Centros de Aprendizaje Ágil podrían exisitir como opciones naturales, exactamente como en Canadá, los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y en otros países que ya entendieron el valor de la diversidad del aprendizaje.

No todos cabemos en el mismo molde. Hay muchas vías posibles. Yo quiero que superemos los obstáculos que impiden un aprendizaje libre.

¿Cómo elegir la “mejor educación”para tus hijos?

Desde hace diez años tengo la oportunidad de conocer a muchos papás y mamás en busca de “la mejor educación” para sus hijos. Vienen conmigo con sus preguntas e inquietudes y yo los escucho e intento responder a sus preguntas.

En la mayor parte de los casos vienen con bastante confusión. En muchos casos esto se debe a que los papás no están de acuerdo entre ellos: no comparten la misma visión ni los mismos valores en cuanto a qué es lo realmente importante que ellos puedan ofrecer a sus hijos. Eso les lleva a no quieran lo mismo, lo cual obviamente no ayuda. Pero casi siempre, la confusión radica en que no se hayan planteado con qué quieren equipar a sus hijos para el futuro. Piensan más en la futura carrera o trabajos y puestos posibles para ellos. Pero no han visualizado qué tipo de adulto les gustaría que llegaran a ser sus hijos y qué aptitudes y habilidades quisieran que hubieran desarrollado para entonces. Y muchas veces carecen de herramientas para llegar a un acuerdo en donde el objetivo central sea el bienestar del niño.

A esta confusión se agrega su propia programación que proviene de lo que es la norma en la sociedad, la presión de familiares, amigos y vecinos. Pero más impactante todavía, es la programación que recibieron durante su propia escolarización.

He escuchado a muchos papás decirme que saben que la escuela convencional no es lo mejor, pero sin excepción me dicen en la misma frase que “bueno, no está tan mal porque yo sobreviví”. Sí, querido lector. Lo sobreviviste. Pero quien hubieras podido ser hoy en día si hubieras tenido la oportunidad de crecer y aprender diferente, nunca lo sabrás.
Hay padres que tienen la certeza de que la educación que se ofrece en la escuela no es la adecuada para sus hijos, pero después de tantos años de su propia escolarización, no logran ver cuáles sí son buenas opciones. Esto pasa porque muchas veces están cegados por el miedo a decidir, pánico a salirse de la norma, terror de no pertenecer a la masa social.

En ciertas circunstancias, ¿no es claro que la responsabilidad de la educación de los hijos, es de la madre o el padre, de ambos o de ninguno? Algunos quieren “lo mejor para sus hijos”, siempre y cuando ésto no represente disminuir los ingresos familiares en caso de que alguno de ellos deba quedarse en casa para dedicar toda su energía a conseguir esa “mejor educación para sus hijos”. En ésta misma línea, hay ocasiones en que ninguno está dispuesto a sacrificar su tiempo para asumir ésta labor de la educación disfrazando la situación con “pago la mejor escuela de la ciudad para que mi hijo reciba lo mejor”.

Por esa razón quisiera exponer aquí lo que aprendiste en la escuela, fuera de los conocimientos académicos que imparten los maestros basándose en los planes de estudio (si es que te quedan algunos).

Aprendiste primero a no respetar tus necesidades más básicas. No puedes ir al baño cuando necesitas, ni tomar agua al tener sed. Tampoco tienes el derecho de mover tu cuerpo tal y como lo necesita, porque te tienes que quedar sentado cuando en realidad tu cuerpo está hecho para estar en movimiento casi constante. (El hecho de que la motricidad gruesa desarrolla el neocórtex, la parte racional, lógica e intelectual del cerebro, es algo que desconoce la mayoría de los maestros.) En realidad, con frecuencia hasta significa ser obligado a hacer cosas para las cuales no estás neurológicamente desarrollado: como leer, escribir y hacer matemáticas a una edad demasiado temprana.

Luego aprendiste a que tu opinión no tiene ningún valor. La persona que habla y se expresa es el maestro. Lo que piensas tú no es importante y no le interesa a nadie. Debes quedarte callado y escuchar. Aprendiste a callar esa voz interna y obedecer sin cuestionar.

Como nadie te escucha a ti, aprendes también que tú como persona no eres importante. No se valora ni lo que piensas ni lo que vienes a ofrecer en este mundo. Tu unicidad como ser humano no importa, y por ende tus talentos, tus intereses y pasiones tampoco tienen una razón de ser. Lo grave es que aprendiste a reproducir este comportamiento con tus hijos y a basarte en él para educarlos.

Lo que aprendes también es a obedecer a la maestra y hacer lo que ella te pida, te guste o no. Si no te gusta el ejercicio, porque es aburrido o porque no lo entiendes e intentas evitarlo y/o protestas, te regaña y te pone una etiqueta: no colaborativo, flojo, incapaz, difícil, retador, con actitud negativa, con déficit de atención, hiperactivo, etc.

Si tú tomas una iniciativa propia: pintas un árbol con tronco amarillo y copa rosada, vas al baño, te levantas y vas a otro lugar, o hablas con tus compañeros, también te corrige la maestra, te llama la atención y te regaña. Si tienes la capacidad de reprimir tus iniciativas y gustos e intereses propios, aprendes rápidamente a ya no tomar iniciativas ni a ser creativo. Si no tienes esa capacidad te tachan para siempre como un niño rebelde y difícil. Aprendiste a que hay una estrecha relación entre iniciativa y fracaso… el tan temido fracaso.

Aprendes que lo que haces y produces en la escuela es lo importante, no quién eres. Todo lo que sale de ti se mide y se valora a través de calificaciones. Aprendes que es muy importante tener una respuesta correcta y haces “bien” las cosas, porque las calificaciones lo son todo. Si cometes errores estarás castigado, con malas notas. Aprendiste a tener la cabeza y el corazón inmersos en la obligación, en la evaluación. Eso no te da tiempo para mirar qué hay en el futuro, o si vas a buen puerto, o por lo menos al puerto que quieres ir… y muchos se preguntarían: ¿podría escoger yo el puerto?

Aprendes que los adultos no confían en tí, que a través de los castigos y recompensas los adultos quieren controlarte y manipularte a hacer las cosas que ellos valoran. Es como si tu propia motivación intrínseca fuese inexistente, igual como tu capacidad de aprender. Y como no confían en ti, pues tú tampoco aprendes a confiar en tí.

Estas son nada más algunas cosas que aprendes en la escuela convencional, fuera de lo formalmente estipulado. Forman parte de la agenda secreta del sistema educativo, basado en los fundamentos del Industrialismo, donde nunca les interesaba enseñar algo valioso a los niños, sino formar a ciudadanos obedientes.

Ahora, si lo piensas bien, ¿crees que esto no te ha afectado en algún aspecto de tu personalidad, tu carácter o de tu vida? ¿Crees realmente que “sobreviviste” y que saliste sin daños de tu escolarización?

Yo sé que no. Pero como tú tal vez no lo sabes, te voy a contar exactamente en qué te afectó.

Lo primero que pasó es que aprendiste a no escucharte, ni a tus necesidades físicas básicas ni a las emocionales. Seguramente sabes faltarte al respeto de muchas maneras: comer demasiado aunque el cuerpo esté satisfecho, o al contrario, no comer aunque tengas hambre. No descansar y priorizar tu sueño. No moverte lo suficiente a pesar de que tu cuerpo esté gritando que necesita movimiento. Es muy probable que no desarrollaste mucho tu intuición simplemente porque nunca fue valorada, así que igual te encuentras en una relación inadecuada o en un trabajo que no te gusta, motivado por razones completamente externas a tu ser.

Esto te llevó a una pérdida bastante temprana de la auto-estima (si es que acaso la tuviste). No te sientes valioso por lo que eres sino sólo por lo que haces o produces. En general, eso está en relación directa con cómo se ve tu puesto laboral, a qué te dedicas y cuánto ganas. Si tienes un “buen puesto” y si ganas bien, entonces sí vales. Si no, no. Puede que tengas dificultades en la comunicación, pues si nunca fuiste escuchado, igual te cuesta escuchar al otro. Y tal vez por eso hablas más fuerte de lo necesario, porque quieres asegurarte de que ahora sí te escuchen.

Como no has aprendido a ser escuchado, igual te cuesta escucharte a ti mismo. No sabes lo que son tus intereses, pasiones y talentos, porque no fueron observados y valorados, y la verdad es que ni tuviste en ningún momento el tiempo de desarrollarlos. En la escuela no se pudo, y en tu tiempo libre estabas ocupado con tareas, clases extras y preparación de exámenes. Y como aprendiste a obedecer, perdiste tu propia iniciativa y creatividad, porque quien toma iniciativas y es creativo, es castigado. Mejor ni intentarlo, además, porque ya desarrollaste un pavor a equivocarte. Mejor hacer lo que sabes hacer bien. Tomar el riesgo de hacer algo desconocido es peligroso. Y así perdiste tu motivación intrínseca. Prefieres no correr el riesgo y así te vas auto-limitando en la vida, quedándote dentro de una zona de confort, cómoda pero limitante. Lo más probable es que ni sepas bien qué quieres o qué deseas de la vida. Y te preguntas ¿por qué no dejo ese trabajo que no me gusta, por qué no salgo de esa relación nociva o, por qué no me mudo y vivo mi sueño?

Claro que sí hay los que lo hemos logrado y que sí vivimos nuestros sueños. Pero no conozco a ningún adulto que no haya sido dañado de una u otra manera por el sistema educativo convencional.

Entonces, ¿qué es lo que realmente deseas para tus hijos? ¿Qué se acoplen a la sociedad tal y como está en este momento? ¿Qué tengan una “buena carrera” de la cual puedas estar orgulloso? ¿Qué obtengan puestos bien pagados para que tú puedas contar a tu familia y a tus amigos qué tan sobresalientes son tus hijos?

Tal vez todo esto no te resuene. Tal vez sí preferirías equipar a tus hijos para otro tipo de vida en el futuro. Entonces, ¿en qué necesitarías enfocarte? Te lo voy a compartir:

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Necesitas empezar a confiar en la capacidad innata de tus hijos para aprender lo que necesiten para lograr una vida exitosa (sea lo que sea para ellos). Necesitas confiar en que su motivación intrínseca, no dañada por castigos y recompensas, les va a llevar adonde quieran. Necesitas examinar si realmente crees que sabes mejor que ellos, qué necesitan en sus vidas, y por qué lo crees. También necesitas observar si estás poniendo expectativas demasiado altas en su comportamiento y en sus capacidades. También necesitas cuestionar tus propias creencias y las programaciones que te llevaron a creer que “es normal que un niño de cinco años sepa leer y escribir, porque si no, nunca aprenderá”, o que “necesitan estructura para aprender y a un adulto que los supervise para que el aprendizaje suceda” .

Para concluir, necesitas cuestionar lo que realmente es importante para poder llevar una vida realmente exitosa:
¿Aprender una disciplina interna basada en una motivación intrínseca o una disciplina externa basada en castigos y recompensas?
¿Aprender a controlarse uno mismo o a ser controlado por otro?
¿Saber tomar iniciativas, resolver problemas y crear lo nuestro, o obedecer lo que dicta el jefe, el entorno y la sociedad?
¿Confiar en nosotros mismos y en nuestra capacidad o siempre necesitar recurrir a una autoridad externa?
¿Sabernos escuchar y poder satisfacer nuestras propias necesidades o intentar siempre satisfacer las de la sociedad?
¿Sentirnos plenos, felices e importantes por quienes somos o por lo que producimos?

Todas estas preguntas y cuestionamientos las tienes que hacer al elegir cuál es la “mejor educación” para tus hijos. Si no lo haces te quedarás en la confusión, porque como la mayoría, estás seguramente conflictuado entre una vocecita muy débil que te pide que la escuches y entre el miedo que grita a toda fuerza que no te salgas de la norma. Es demasiado fácil callar esa vocecita y adaptarte a las normas de la sociedad. Pero, ¿es realmente lo mejor para tus hijos?

Antes no había muchas opciones educativas fuera del sistema convencional. Dependiendo de dónde vives puedes elegir entre las pedagogías progresivas (Montessori, Waldorf, Freinet, etc.) o puedes decidir tomar el paso de apostarle a la educación sin escuela: homeschooling o educación libre y auto-dirigida. Elijas lo que elijas necesitas actualizarte y entender qué implica cada una de estas opciones.

Yo tengo mi propia opinión acerca de lo que es la “mejor educación” para los niños de este mundo, y ya dejé que mi hijo decidiera lo que él quería: auto-dirigir su aprendizaje.
He tenido que cuestionarme miles de veces, confrontarme con las programaciones del miedo a equivocarme y cometer errores graves. Pero ya superé todo eso.
Y tú, ¿qué piensas hacer?

Los riesgos de la Educación Auto-dirigida

Me he dado cuenta de que muchos adultos piensan que la Educación Auto-dirigida es algo riesgoso. Por esa razón he tomado la decisión de escribir un poco sobre los riesgos que sí implica apostarle a una educación tan diferente, donde es el niño quien tiene el control y la responsabilidad de su propio aprendizaje.

El hecho de que no haya una escuela basada en este método, que pueda ofrecer una validación oficial, resaltará tal vez como un primer riesgo. Lo que deseas como padre y madre, no sólo es lo “mejor” para tus hijos, pero lo que te parezca también más seguro. Dirías, ¿”quién no prefiere saltar con un paracaídas”?

Y en el proceso de evaluar las opciones para tus hijos, te parecerá probablemente todavía, que una validación de la Secretaría de Educación Pública, es el paracaídas más seguro. Lo que realmente quieres, es algo que asegure que tus hijos tengan éxito en sus vidas. Y sientes que ese papel lo puede garantizar.

Lo que en realidad no asimilas aún es el hecho de que esa validación no puede nunca garantizar tal cosa. El éxito de los hijos depende enteramente de ellos mismos, y de ciertas capacidades que desafortunadamente no se aprenden en las escuelas del sistema educativo tradicional. Hablo de la toma de iniciativas y de decisiones, la resolución de problemas, la responsabilidad, la perseverancia y la resiliencia, y obviamente la creatividad.

Pero regresando a la Educación Auto-dirigida: ¿por qué piensan muchos que implica riesgos?

Primero, porque significa soltar el control de los hijos. Si le apuestas a una educación que se basa en que los mismos niños elijan qué aprender y en qué momento, tú como padre o madre, ya no puedes controlarlos. Y eso es sumamente retador, en una sociedad donde pensamos que por ser adultos no sólo sabemos más, sino mejor que los niños (que todavía no han vivido tanto tiempo como nosotros). Puede ser completamente aterrador desafiar a esta idea que tenemos, y eso puede que sí represente un riesgo para ti. Es siempre difícil cambiar de paradigma, y sobre todo cuando se trata de soltar el control.

Porque ahí aparece automáticamente otro riesgo más: soltando el control, vas a tener que confiar en la capacidad de tus hijos. Esto implica confiar en que ellos mismos sí son capaces de definir lo que necesitan aprender en la vida – y también cuándo y dónde. Y frecuentemente tú como madre o padre no crees que sean capaces de eso.

A pesar de las numerosas investigaciones científicas que demuestran que sí son capaces (y aún si las leíste todas) va tan en contra del paradigma actual, que te parecerá demasiado riesgoso ni tan siquiera intentar confiar en tus hijos. Y podrás justificarlo reflexionando que tal vez en Europa o en Los Estados Unidos sí funciona, pero aquí en Latinoamérica, no estamos todavía ahí. Pero, en general se trata de una proyección: igual tú no confías en ti mismo/a, y eso impide que puedas confiar en tus hijos. Y obviamente percibirás la Educación Autodirigida como un riesgo.

Ahora, si metes a tus hijos en una escuela que se basa en este tipo de educación, o si decides hacer desescolarización fuera de una escuela, van a surgir otras cosas que probablemente también percibirás como riesgos.

Porque, si tus hijos tienen el poder de decidir a qué se quieren dedicar, eso significa que van a empezar a tomar iniciativas y decisiones propias. Y eso, definitivamente implicará un riesgo para ti. Porque, ¿qué tal si toman una iniciativa que va en contra de lo que a ti te parece “mejor”? ¿Qué tal, por ejemplo, si quieren trepar un árbol muy alto? ¿O si quieren subirse al techo de tu casa? ¿O pasar toda una semana viendo Youtube? ¿O si quieren estar sólo estar maquillándose el día entero y chismeando con las amigas?

Seguramente no te va a parecer. Vas a pensar que no están evaluando “bien” los riesgos que implica expandir sus capacidades físicas (“Mi hijo no mide los riesgos”). O que están malgastando su tiempo en actividades que no sirven para nada (“Mi hija no sabe priorizar cosas útiles en la vida” o “Mis hijos sólo pasan el tiempo jugando”). Y te va a parecer más que riesgoso meter a tus hijos en un formato educativo que se basa en confiar en ellos.

Desde siempre te han estado demostrando que no se puede (y que no se debe) confiar en ellos porque eligen dedicarse a cosas “inútiles” en vez de cosas más “productivas”. Y mejor no sueltas el control ya que “tú sabes mejor que ellos lo que necesitan”.

Ahora, si ponemos tus juicios y convicciones de un lado, y retamos un poco tu mente: ¿cómo puedes tú saber qué es mejor para tus hijos? ¿Cómo puedes tú saber cuál es su camino en la vida, su misión y su pasión?

Sabías que muchos estudios dicen que en 20 años, 80 a 90% de las profesiones que existen hoy en día ya no existirán? Sabías que, ¿la mayor parte de las nuevas profesiones que surgirán, ni han sido todavía inventadas ni pensadas? Así que, ¿cómo puedes tú saber lo que es mejor para tus hijos?

¿Qué tal si tu hija se dedica a algo “tan superficial” como la moda? Y tú, por creer que no tiene fondo, le prohibes dedicarse a lo que más le gusta… y sin darte cuenta, le quitas la posibilidad de volverse experta en diseño.

¿Qué tal si tu hijo, “que está malgastando su tiempo viendo Youtube”, está aprendiendo cosas vitales para él? Por ejemplo: cómo construir algo que le interesa, o está almacenando información sobre algo que quisiera hacer él mismo pero que necesita inspirarse mucho antes de intentarlo.

¿Qué tal si está desarrollando su pensamiento crítico porque empieza a comparar cómo hacen publicaciones en Youtube, y empieza a lograr verbalizar por qué unos son buenos y otros no tan buenos?

O estos niños “tan atrevidos que no se miden y siempre quieren hacer lo más peligroso”… ¿Podrían posiblemente estar aprendiendo algo valioso? ¿Qué tal si están descubriendo sus límites físicos, sabiendo cómo retar al cuerpo y ver de qué son capaces? Tal vez están superando miedos y resolviendo problemas que aparecen en sus exploraciones, obligándose a ser creativos porque ellos mismos decidieron estar en una situación compleja y ellos saben que pueden resolverla. Esas son capacidades que realmente les servirán en sus vidas, y son cosas que nunca podrían aprender en una escuela tradicional.

“¡Pero se pueden lastimar!” Sí, es cierto. Se pueden lastimar y muy seguramente eso puede suceder. Podrá parecer demasiado peligroso dejarlos explorar sus límites físicos, pero, ¿sabías que en los deportes organizados y competitivos los niños se lastiman muchísimo más que cuando exploran libremente sin la supervisión de adultos? Y sabías que, ¿a través del riesgo y daño físico, los niños aprenden a lidiar mejor con sus decepciones emocionales y sus retos psicológicos a lo largo de su crecimiento?

La verdad es que, tú como madre o padre no sabrías lo que están realmente aprendiendo tus hijos, pero se los querrías impedir. Porque no tendrías el control y no entenderías cómo pueden aprender cosas relevantes haciendo lo que tú no entenderías. Y eso, te parece riesgoso.

Pero tal vez más riesgoso te parecería, que bajo la Educación Auto-dirigida, tus hijos, por tomar sus propias iniciativas y decisiones, se van a equivocar. Y van a fracasar en sus intentos. Y si tienes una tendencia a quererlos sobreproteger, porque no confías en su capacidad de ser resilientes (levantarse después de un fracaso y volverlo a intentar, fortaleciéndose cada vez más), entonces definitivamente te parecerá muy riesgosa esta educación.

Además, porque cuando tú sueltes el control y empieces a confiar, tus hijos desarrollarán su voluntad propia. Y la expresarán plenamente. Y te parecerán seguramente desobedientes o rebeldes. Pero el punto que quizá no ves, es que al mismo tiempo, tus hijos se estarán volviendo independientes. No debería de verse como un riesgo, pero entiendo que hay padres y madres que no quieren ver que sus hijos se independicen. Los quieren ver chiquitos y dependientes para siempre. Así son más fáciles de controlar. No importa si interfiere con su capacidad de crear una vida autosuficiente emocional y materialmente.

Para concluir, los “riesgos” de la Educación Auto-dirigida sí son muchos. Tus hijos se volverán independientes, con una gran capacidad de tomar iniciativas y decisiones propias, creativos y talentosos para resolver problemas y encontrar nuevas soluciones. Te retarán constantemente y te obligarán a desarrollarte y crecer como persona. Desarrollarán una fuerte voluntad que podrá chocar a veces con la tuya. Cuestionarán los modelos de autoridad: la tuya, la de ciertas leyes o instituciones. Vivirán fracasos y experimentarán equivocándose, y desarrollarán perseverancia y resiliencia. Y puede ser muy muy difícil, lidiar con todo esto si tú, como madre o padre, no estás todavía lista/o de bajarte de tu trono de adulto desde donde tú tienes todo el control.

El último riesgo que existe en la Educación Auto-dirigida, es que tus hijos se vuelvan tan diferentes a las demás personas que tal vez no encajen mucho en la sociedad a la que pertenezcas. Puede ser un riesgo si quieres forzosamente que tus hijos se vuelvan empleados clásicos que obedezcan órdenes y hagan lo que se les dice. También representará un riesgo si te encanta la sociedad tal y como está en este momento.

Pero si no tienes problemas con que tus hijos se vuelvan emprendedores e innovadores, responsables de quienes son y capaces de crear su propia vida y lo que necesitan para autosustentarse, o si piensas que es momento de que sí cambie la sociedad, la Educación Autodirigida es todo, menos un riesgo.

Al contrario, es una enorme solución para todas las familias que, como tú, quieren empoderar a sus hijos, equipándolos con las capacidades más significativas que hay para garantizarles su éxito en el futuro. Y también, es el inicio de la resolución de muchos problemas con los cuales cargamos en las sociedades humanas.

Dela det här:

Los ingredientes de la educación auto-dirigida

La mayor parte de las familias, todavía están muy lejos de considerar una escuela donde los niños y los adolescentes se encarguen de su propia educación. Donde no hay salones ni maestros, donde no exista un plan de estudios, tareas, exámenes o calificaciones. Lo puedo entender, ya que la mayor parte de los adultos han vivido la experiencia de una escolarización muy tradicional, donde todo lo antes mencionado es considerado la clave de una educación exitosa.

Sin embargo, casi todos estamos de acuerdo que el sistema educativo tradicional está fallando, que está obsoleto. Consideramos que los niños están malgastando su tiempo en la memorización de datos y hechos que, por un lado no son muy útiles en la vida real y que, por el otro, pueden encontrar con facilidad en Google en el momento que lo deseen.

Hay diferentes pedagogías alternativas, y en general son buenas. Pero hay sólo una rama que deja la total libertad y responsabilidad de su propia educación a los mismos alumnos: la educación auto-dirigida. Hay una cantidad enorme de investigaciones científicas que demuestran que este tipo de educación sí funciona – y funciona muy bien. ¿Por qué? Porque es la forma natural en la cual aprende el ser humano. Así aprendemos a caminar y hablar, así podemos aprender todo lo demás. Aprendemos principalmente por necesidad, interés y pasión. Eso es el gran motor que nos empuja adelante: porque nosotros mismos lo queremos.

A ningún padre o madre se les ocurriría ponerle tarea o ejercicios extras a su  bebé para que aprenda a hablar o caminar. Tampoco pensaríamos en evaluar sus capacidades haciéndole pasar un examen o calificando sus avances. Vemos que aprende explorando libremente su mundo, jugando e interactuando con los objetos y las personas a su alrededor y con eso estamos satisfechos – hasta que cumplan la edad de la escolarización. De repente cambia todo.

En Suecia, mi país de origen, eso sucede a los siete años. En el estado de Oaxaca, México, donde radico, pasa a los tres años. Ya se acabó el juego. A partir de este momento (según decisiones tomadas por personas que saben muy poco sobre cómo aprende el ser humano) el niño necesita aprender por imposición. Y se acaba la confianza que teníamos en los bebés: de que sí son capaces de aprender por su propia motivación. Los bebés sí pueden, pero cuando están más grandes no. Extraño, ¿no crees?

No obstante, hay familias que sí están dispuestas a dejar que sus hijos aprendan bajo un formato de auto-dirección – o en familia, o en escuelas basadas sobre este mismo concepto. Estas familias valientes entran en un camino retador. Por un lado porque eso implica que tengan que seguir confiando en la capacidad de aprender de sus hijos, aunque nadie más lo haga. Por el otro, porque dejar que sus hijos estén a cargo de su propio aprendizaje, es la absoluta antítesis de cómo funciona “el aprendizaje” en una escuela tradicional. Y eso va en contra de toda la sociedad. Estas familias están constantemente expuestas a las críticas de sus cercanos que no pueden entender, “¡cómo pueden ser tan irresponsables de confiar en la capacidad de aprender de sus hijos!”. Obviamente, esta presión constante les genera incertidumbre. Y dudas, de hecho, ya tienen suficientes.

Porque a pesar de haber tomado la decisión de confiar en sus hijos, y a pesar de todas las investigaciones que apoyan esta forma de aprender, no es nada fácil realmente confiar en los niños. Tenemos tanta programación mental que nos indica que somos más inteligentes que los niños y que sabemos mucho más que ellos, que no puede ser que ellos mismos (tan chiquitos) sepan administrar y gestionar su propio tiempo de manera inteligente, y que realmente sepan sacarle provecho y aprender (sobre todo cuando en realidad lo único que parecen estar haciendo es jugar…). Esa mentalidad se llama adultismo y es algo de lo primero que tenemos que confrontar en nosotros mismos al entrar en el camino del la desescolarización.

Las propias dudas nuestras, el cuestionamiento de los demás, viejos paradigmas mentales como el adultismo, la falta de confianza en el niño y su capacidad etc., son cosas que hacen que el camino de desescolarización se vuelva un camino de valientes. Y muchos padres y madres se preguntan cómo pueden estar seguros de que sí salgan exitosos sus hijos, y cómo pueden asegurarse de darles el máximo apoyo para que así sea.

Para todos estos padres y madres les tengo una buena noticia: sí hay ingredientes que son necesarios para lograr una educación auto-dirigida exitosa. Peter Gray los ha reunido en un artículo que se llama The Natural Environment for Children´s Self-Education. Si podemos juntar todos esos ingredientes y ofrecérselos a nuestros hijos, quitándonos de su camino y confiando en sus capacidades, de verdad no necesitamos dudar más. Aquí vienen bajo mi interpretación:

Tiempo y espacio para el juego y la libre exploración
Para que nuestros hijos puedan aprender a través del juego, necesitan una cantidad enorme de tiempo para jugar y explorar – sin interferencia o imposición de adultos (¡mucho ojo papás y mamás controladores!). También necesitan espacio para poder explorar su entorno libremente, poder salirse y tener acceso a la naturaleza – con toda su variedad.

Edades mezcladas
Los niños aprenden enormemente el uno del otro cuando tienen la posibilidad de convivir fuera de la segregación de edades. Los más chiquitos ven a los más grandes y perseveran para poder hacer todo lo que saben hacer ellos. Los más grandes aprenden compasión y empatía al cuidar a los más chicos, y les enseñan a hacer cosas que nunca podrían aprender si estuvieran en un grupo de puros niños de la misma edad.

Acceso a adultos afectuosos con conocimiento
Adultos que puedan ofrecer un máximo de apoyo con un mínimo de interferencia, es algo que todos los niños necesitan. Poder acceder a la ayuda y el apoyo (físico, intelectual o emocional) de parte de un adulto a quien realmente le importa el niño, cuando el niño mismo lo necesite y lo desee, es algo muy valioso. Si este ingrediente no existe, fácilmente el entorno de los niños se transforma en algo parecido a lo que sucede en El Señor de las Moscas.

Acceso a herramientas diferentes
Para que un niño pueda aprender libremente, necesita acceso a una variedad grande de herramientas. Utensilios de la cocina, computadoras, material artístico, herramientas de carpintería y jardinería y equipamiento deportivo forman todos parte de lo que necesita el niño para aprender – aunque elija no usar todo.

Acceso a un libre intercambio de ideas
El desarrollo intelectual sucede cuando una persona tiene la oportunidad de tomar parte en discusiones libremente, donde puede escuchar ideas y opiniones diferentes y opuestas sin censura. Esto les ayuda a poder desarrollar sus propias opiniones y también el respeto a la opinión del otro. Los adultos necesitamos aprender a superar nuestra propia incomodidad frente a temas difíciles y lograr compartir sin censura (y sin morbo) y confiar en la capacidad de los niños de poder lidiar con lo que escuchan.

Ausencia de bullying y de bullys
Para que un niño pueda jugar y explorar libremente, necesita sentirse a salvo física y emocionalmente. La creación de una cultura consciente, donde se respetan las diferencias es vital para que un aprendizaje sano pueda suceder. Es fundamental que los niños formen parte del proceso de elaboración de los acuerdos, pero es de igual importancia que los pongan en práctica y que los actualicen cuando sea necesario. Esto garantiza un ambiente sano para todos.

Inmersión en procesos democráticos
La posibilidad de formar parte en procesos democráticos ayuda al niño a fomentar la responsabilidad de su propio aprendizaje y a aumentar su motivación. Si la opinión de cada persona realmente impacta, es necesario que uno piense muy bien antes de darle voz a su opinión. Cada persona es responsable de sí misma, pero también de su comunidad.

Admito que al inicio esto no es nada fácil. Pero una vez que tomas la decisión, tu trabajo como padre o madre se vuelve en ofrecerles a tus hijos todas las circunstancias donde puedan jugar y explorar libremente, confiando en su capacidad innata de aprender lo que necesitan en el momento que ellos mismos lo elijan. Y eso es tal vez lo que más valor requiere: hacernos de un lado, soltar el control y dejar de impedir que aprendan lo que ellos mismos escojan.

Para todos los que todavía dudan y sienten la necesidad de más apoyo científico, y para todos los que nunca habían escuchado de la educación auto-dirigida, les recomiendo que lean Libres para Aprender de Peter Gray.